Hace una semana en este blog hablamos de la educación para el emprendizaje, pero para que esto se diera, primero habrÃa que desterrar una práctica educativa muy integrada en el ADN de los sistemas educativos en general: la educación en el miedo. Este tipo de educación se basa en dos concepciones bienintencionadas pero erróneas en su filosofÃa final y en su aplicación, como suelen ser en general las teorÃas bien pensantes: que todos somos iguales y que hay que dar las mismas oportunidades.
Antes de que nadie acabe escandalizándose he mencionado que son conceptos con una base buena, pero mal llevados. Me explico:
- Nadie es igual a nadie: Cada persona es diferente a los demás, ni peor ni mejor, sino diferentes. El axioma de la igualdad predicado desde la revolución francesa ha sido sustituido desde hace tiempo por la equidad, bien reflejada en la frase: a cada cual según su necesidad y de cada cual según su posibilidad. Pedir lo mismo a todo el mundo y dar lo mismo a todo el mundo no hace sino sentar las bases de una desigualdad, porque no se tiene en cuenta sus circunstancias.
- Sobre dar las mismas oportunidades me remito al punto anterior para comprender por qué es de base erróneo. Evidentemente todo el mundo ha detener oportunidad de avanzar, pero no como se ha hecho; el sistema educativo se ha ido adaptando para que nadie, o eso pretendÃa, quede rezagado. En un aula es habitual que existan diversos niveles, pero en vez de arreglar eso con inversión, como tener más de un profesor por aula, convertir las asignaturas en proyectos, etc. se ha optado por dar prioridad a los que tienen más dificultades. Esto no favorece a nadie porque quien tiene dificultades es estigmatizado, y quien tiene facilidades ve como su progreso es retrasado o trabaja muy por debajo de su nivel.
Con este artÃculo quiero enfatizar de nuevo una tesis que se ha ido repitiendo en este blog, y es que el sistema educativo necesita un cambio. Un cambio además urgente y de fondo.









